martes, 9 de septiembre de 2008

El día chicle


¿Te has dado cuenta de la cantidad de tiempo que pierdes? Es increíble que a veces, cuando realmente efectúas una fórmula efectiva de organización, tu día se estira como si fuese chicle y te da tiempo a hacer muchas más cosas de las que creías que realmente podías hacer inicialmente.

El pasado martes tuve uno de esos días chicle. El objetivo, tener dos sesiones de coaching, ver a siete personas, comer con otra, organizar una cita entre dos de ellas para resolver temas laborales, cenar con mis amigos Joaquín y Javier en su casa. Aparentemente imposible.

Lo cierto es que al principio al llegar a la cama y tras haber realizado todo lo anterior creí que había sido suerte, pero recordando el fabuloso libro de Rovira y Trias de bes, ahora ya puedo decir que todo fue fruto de mi forma de trabajar.

Las citas de trabajo son lo más importante con lo cual, ambas fueron por la mañana, primera reunión a las 9:00, segunda a las 11:00. El coaching estaba realizado y era la hora del aperitivo, así que llamé a una de las personas a las que tenía que ver, mientras confirmaba con la segunda la comida. La persona con quien me tomé algo, era quien quería resolver temas laborales con quien yo comería. Mi intención, cuando me dejase en el restaurante, se conocerían y así todo sería más fácil después.

Sin embargo, en ocasiones las sorpresas son agradables y finalmente terminamos comiendo los tres juntos, hablando del coachig, de nosotros y por supuesto, de los temas que ellas querían tratar. Un buen comienzo de día. Antes de que llegaran los postres, dos personas me confirmaron que ya estaban en Sevilla y que se dirigían al restaurante en el que me encontraba. Tras pedir permiso y viendo que a todo el mundo le parecía bien, terminamos tomando café y generando networking entre ellos.

Unas risas, unos besos y una de las personas me lleva al nervión plaza, donde había quedado una hora después con otras dos personas para vernos. llegamos con tres cuartos de hora y eso me facilita reunirme en privado con mi acompañante y otra persona. Finalmente y cuando aparece mi cita posterior. Un agradable encuentro, una charla conjunta, más networking entre ellos y los primeros nos abandonan. Mientras ellos se despiden, me comunico para confirmar la cena y para quedar tras ella con otro amigo que me acercaría al terminar la reunión que iba a comenzar desde el centro comercial hasta el lugar de la cena.

Y así fue transcurriendo el día cuando me quise dar cuenta estaba frente a una fabulosa cena hecha por Javier y una estupenda compañía.

¡¡Incluso quedaba tiempo para después de ella quedar con alguien más!! (que no pudo ser pues mi estado de felicidad era pleno y preferí disfrutar de ese momento)

Todo el mundo tuvo una agradable sensación y así me lo hicieron saber en mensajes posteriores, me sentí bien de poder haber visto a todas las personas con las que había quedado, haber podido realizar mi trabajo y enriquecido mi vida personal. Y aunque no negaré que evidentemente el cansancio era sublime, quienes me conoces saben que debí caerme en la marmita de red bull cuando era pequeño, así que lo hice con agrado y siempre con una gran sonrisa en la cara.

El truco para convertir tu día en un día de chicle: Organización.

Realiza lo urgente e importante al comenzar el día.
Utiliza la tecnología y realiza una agenda flexible.
No cierres horas estancas.
Intenta compartir momentos, realizar citas multiples (siempre que se pueda)
Comparte escenario. (utiliza una cafetería o restaurante como lugar fijo mientras que otras personas rotan)
Y sobre todo, hazlo todo porque te apetezca, no por obligación.

Pero como la verdad es que no soy perfecto y mi cabeza a veces me juega malas pasadas, el siguiente día fue un poco caótico, el problema: No llevaba el cargador del móvil, en las tiendas no encontraba sustituto (bendito iphone yankee) y me quedé sin batería.

Pero bueno, sin duda falta de previsión, que solucionaré otro día.

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