lunes, 12 de mayo de 2008

Encumbrando al perdedor


En ocasiones por reconocer el trabajo realizado, otras veces para quitar de en medio a alguien con quien no queremos trabajar y otras, unas pocas, por buscar tener a alguien afín a nuestros intereses en puestos de mayor responsabilidad. La patada hacia arriba es una tradición tan lejana como insana en el mundo empresarial y político de este país.

¿Porqué esas decisiones mezquinas y poco responsables? Por suerte nunca he sufrido directamente esta situación, pero sí alguno de mis clientes y es realmente un ejercicio de deslealtad para con la empresa de aquel que decide, aun sabiendo que no tiene cualidades, ascender en un cargo a una persona de este perfil.

Cuando hablamos de liderazgo, gestión de equipos o gerencia hay una palabra que creo que repito con bastante frecuencia: RESPONSABILIDAD.

Responsabilidad por tus decisiones hacia el objetivo propio, responsabilidad para la consecución del objetivo de la organización y responsabilidad para con tus compañeros. Pero hay una cuarta pata importante y que nunca prestamos atención. Si actuamos así con alguien, esa persona nunca valorará a los compañeros, nunca intentará mejorar y por supuesto, generará clones ya que a él "le ha ido bien siendo así". Además, podemos transmitir al resto de compañeros lo que es una verdad callada en muchas organizaciones "aquí se premia a los mediocres" o "si te estás calladito y sabes a quien arrimarte llegarás lejos".

Debemos romper esa actitud y luchar por cambiar. Antes de dar una patada hacia arriba piensa... ¿merece la pena para la organización, para los compañeros y para ti realmente esa decisión? Hay a personas que ese tipo de cuestiones no le parecen importantes... A mi sí
.

viernes, 9 de mayo de 2008

Encuentro familiar

No suelo hablar de mi familia en el blog, y aunque siempre les tengo presentes me corto porque pienso que seguramente no os interese lo que tengo que decir. Sin embrago este fin de semana tengo un evento muy especial.

El segundo fin de semana de Mayo, desde hace ya varios años, celebramos una reunión familiar en un pueblo cercano a Mérida. Comenzando genealógicamente por los hermanos de mi abuela materna, sus hijos, nietos y bisnietos. En una nave de la familia, nos reunimos todos para comer, tomarnos algo y montar una fiesta durante dos días. Un centenar de personas disfrutando una vez al año de la compañía de aquellos que viven lejos, de las ilusiones y objetivos, de la familia...

Soy tremendamente familiar y me siento feliz de poder compartir esta experiencia con vosotros, pero mientras escribía la entrada de hoy, me ha venido una duda a la mente.

Realmente ¿quién es nuestra familia?

Evidentemente hay personas que tienen la misma sangre con la queapenas tengo relación o conocimiento. Hay personas que comparten apellido y que no están cuando ralmente tenemos problemas o necesitamos compartir una alegría (por falta de comunicación y no por falta de interés)

Para mi, la familia es aquella persona de la que me siento unida. Aquella persona que se gana mi respeto, mi cariño y con la que sé que quiero contar en mi vida. Muchas de las personas que considero mi familia no comparten la misma sangre ni el mismo apellido.

Este fin de semana voy a disfrutar de cada minuto de la "Castañá" (que es como se llama el evento), pero prometo seguir disfrutand de mi otra familia todos y cada uno de los días del año.

¡Feliz fin de semana!

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jueves, 8 de mayo de 2008

Elena Carantoña

Los tacones de Oz siguen cosechando buenas noticias. Apenas unas horas antes de entrar en la imprenta, un inesperado pero sorprendentemente gratificante giro ha situado a mi admirada y gran conocedora de la igualdad y el liderazgo femenino, Elena Carantoña, como prologuista del libro.

Me siento realmente satisfecho de que una persona con su trayectoria y su incuestionable eficacia y conocimiento aporte sus palabras a mi humilde relato. Creo que esto convierte el libro en un producto realmente redondo.

Para las personas que no conozcan a esta profesional, pongo a continuación algunos datos biográficos:

Elena Carantoña, socia-directora de managementbetween2, empresa de consultoría y formación especializada en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y en el equilibrio entre la vida personal y profesional. Es licenciada en Económicas por la Universidad de Oviedo y Diplomada en Ciencias Empresariales por la Escuela Universitaria de Gijón. Ha completado su formación con el Diploma en Relaciones Internacionales y Certificado de Estudios Europeos de Niza (Francia).

Fruto de su dilatada experiencia en el ámbito de los Recursos Humanos fue Directora de Investigación y Desarrollo de nuevos productos en makeateam, empresa de formación de directivos con sede en Madrid.

Exconsejera de economía del gobierno de Asturias. Autora del libro "Igualdad y diversidad"


Evidentemente muchos son los datos que podría seguir dando sobre ella, pero creo que ya leeréis el prólogo y os daréis cuenta de porqué hoy estoy tan feliz de esta noticia.

Gracias Elena por demostrar una vez más que estás al frente de todo paso que procure extender la diversidad y la igualdad en la sociedad.

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Loser



Hay cosas de los estadounidenses que me fascinan. Son capaces de crear un concepto de la nada y que en pocos meses absolutamente todo el mundo los acepte como un término propio incuestionable. Últimamente está pasando con los EMOs, que ya les prestaré mayor atención otro día, ya que hoy me apetece centrarme en un concepto mucho más extravagante. El concepto loser.

"Loser" es una palabra que en EE.UU. se usa comúnmente como un término coloquial que se aplica a la persona que no ha podido cumplir con determinadas expectativas clave consideradadas como necesarias para el éxito de acuerdo con las pautas culturales de la civilización occidental. Estas espectativas pueden incluir la obtención de un empleo respetable y bien remunerado, éxito profesional, un círculo de amistades y conocidos de determinado status dentro de algún ámbito destacable de la sociedad (económico, cultural, político, etc), posiblemente haber establecido una familia, etc.

Más específicamente estas espectativas están relacionadas de cerca con conceptos presentes en la manera de pensar occidental y la aportación específica estadounidense con el concepto del "american dream" que implica supuestamente en principio el derecho de los ciudadanos de este país que tienen a la libertad y a la realización de su propio ser hacia la felicidad. La manera en que se ha manejado el significado de estos conceptos "libertad", "realización", "felicidad" se han limitado a una visión muy pobre de la vida, relacionada con la satisfacción de un cierto número de espectativas que en conjunto tienen una naturaleza marcadamente comercial, y más aún, también se le ha infundido un valor de superioridad sobre otras formas de ver, sobre los conceptos que otras naciones tienen a cerca de como debe ser la vida de un individuo. Esto se ha realizado a través de la "exportación" de este concepto mediante el mensaje que se transmite en los medios, en el cine de Hollywood, comoda rápida y productos de consumo norteamericanos que influye notablemente en la mentalidad de las masas, infundiéndole una idea acerca de cómo deben ser las cosas. El uso común de la palabra "loser" dentro del vocabulario nacional de países del tercer mundo, no hace sino mostrar esta colonización ideológica del modelo americano de vida.

En esta visión, una persona "loser" es un perdedor, un don nadie, una mediocre porque no ha logrado destacar en algún aspecto que según la visión social es deseable tener; un o una "looser" lo es, porque no ha logrado ser un producto presentable en el escaparate social.

Y ahí es donde quiero hacer hincapié... ¿Quién decide qué es lo correcto o con lo que tenemos que compararnos? Yo no quiero seguir las normas, no quiero trabajar en una multinacional de manera fija, no quiero vivir en un adosado ni tener un descapotable. No quiero tener de pareja a una modelo tonta que sea la reina de su casa ni tener un perro al que llamarle "bobby". Yo quiero vivir como ente libre y desplazarme por el espectro del mercado, enriqueciéndome de las experiencias que todos me pueden aportar. Quiero vivir en el centro de Madrid para poder darme paseos todos los días y bajar al rastro los domingos. Quiero un coche pequeñito para poder desplazarme de una manera cómoda y para encontrar aparcamiento eficazmente. Y por supuesto quiero a mi lado a una persona de la que me sienta orgulloso personal y profesionalmente, que sea un ente libre y que le guste su vida. Respecto al perro... se llamaba "Turco".

Si el concepto de loser es alguien que intenta moverse y que ve la vida desde otro punto de vista, una persona luchadora que lo intenta una y otra vez, que quiere ser independiente y no seguir la cultura o lo que se supone que se debe hacer (como antes se decía "como Dios manda") yo quiero ser un loser.

Evidentemente reniego del perfil de una persona anodina y conformista de alguien que va llorando por las esquinas porque la vida le trata mal. Como un dicho americano dice "si la vida te la limones, haz limonada"

Pues lo dicho, me encanta la limonada, pero no para tomámela en mi porche si no para refrescarme después de un concierto, por ejemplo, de Rage Against The Machine.

martes, 6 de mayo de 2008

Cazadores de libertad

Estoy profundamente concienciado con mi libertad. Creo en ella y la alimento cada día. Eso no significa que me muestre indiferente ante los compromisos o que, como a algunas personas les gusta sugerir, tengo miedo a las relaciones de larga duración, ya sean profesionales o personales.

Estoy profundamente convencido de que si preguntamos a quien nos rodea que qué le gustaría conseguir, lo primero que contestaría seria la felicidad, pero también creo que al desarrollar esa felicidad, casi todos aluden a la libertad, ya sea de tiempo, de compromisos... Entonces...¿Porqué es tan criticada?

Creo sinceramente que las personas que más critican a los entes libres lo hacen desde el deseo reprimido. Alguna vez, esas mismas personas intentaron disfrutar de una libertad similar, pero o bien les dio miedo dar el paso definitivo o no supieron establecer realmente su estructura libre. Así nos encontramos con personas que viven en trabajos que no les hace felices o en relaciones pesonales que les hacen daño, sólo por el hecho de sentirse estable.

Hay personas que soportan y ceden a parte de su felicidad porque creen que les compensa... ¡Qué triste! Vivir en la mediocridad y el conformismo por no arriesgarse realmente a disfrutar de la libertad. Y lo peor, intentan desacreditar con insultos y desprestigio que tu forma de vivir no es la correcta, incluso es cruel y egoista sólo porque no accedes a sacrificar tu libertad.

Lo que no entienden es que tú eres libre y puedes disfrutar de todo lo que te ofrecen y aprovechándose de todo tu talento, mantener una relación sana, pura y sin ningún tipo de cadenas obligatorias. Vivir en la libertad no es seguro y eso les hace dudar e incluso increpar tus decisiones.

La libertad es lo que tiene, que no te da seguridad y garantías externas. La seguridad y la garantía la fabricas tú a cada paso. Tú haces que tu trabajo sea el mejor y si no puedes modificarlo, cambias. Tú haces que tus relaciones personales sean cada vez más solidas y estables, alimentas día a día aquellas que te motivan y por supuesto, eliminas aquellas que te dañan. Tú eres el creador de tu libertad.

Un ente libre no significa que deba ser solitario, simplemente que es dueño de su tiempo y de sus acciones. Incluso de las obligaciones propias de una organización o una relación. Ser un ente libre te convierte en un agente proactivo que desea que cada día al irse a la cama, se haya avanzado un paso para ser más feliz.

Mi libertad me hace tener a muy buenos amigos, gente noble y fiel que sabe que estoy ahí siempre que lo necesiten. Mi libertad me hace compartir mi vida con personas que me quieren y a las que yo quiero. Me molesta profundamente que intenten arrebatarme una pizca de mi libertad, porque esa libertad soy yo. Así disfruto de Joaquín, Javi, Alex, Diana, Zelenia, Antonio, Helena, Iván, Torre, Borja, Bea, Gemma, Elena, Jaime, Vanessa, Leticia, Francesc... algunos amigos, otros compañeros, todos entes libres.

Si vienes en son de paz, serás bien recibido. Yo por mi parte, prometo respetar tu libertad.

lunes, 5 de mayo de 2008

Los otros zapatos rojos

Me gustan mis zapatillas. Sé que no son tan elegantes como mis zapatos, pero reflejan mucho mejor mi espíritu. La sociedad nos obliga a llevar estirados trajes para parecer más serios y respetables, corbata para perfilarnos como personas respetables, pero... ¿acaso no nos contratan por lo que sabemos?

Desde pequeños nos implantan un chip en el cerebro que nos obliga a vestirnos de domingo para ir a solicitar un crédito al banco... Pero ¿acaso no estamos rogando a alguien que haga su trabajo? Es como si para que nos dieran un buen kilo de manzanas nos tuviésemos que vestir de agricultores, o si lo tuviéramos que hacer de albañiles al hablar con la constructora que nos vende el piso... ¡¡Ya está bien, abramos los ojos!!

Este no es un post para proclamar la quema de los trajes ni mucho menos, si no para concienciarnos en que debemos reclamar más por nuestra valía y no tanto por lo que la sociedad imponga. ¿Porqué un médico está mejor valorado que un psicólogo o un arquitecto que un diseñador de interiores? A mi no se me ocurriría pedir a un cirujano especialista de corazón que me ayudase con un bloqueo mental producido por un mal de amores. Seguro que a ti tampoco.

Por eso me encantan mis zapatillas, las llevo siempre que puedo y me demuestran que sigo siendo yo. Me reuno con mi gente, mis amigos de toda la vida y los nuevos. Alguno pensaría que diciendo esto lo que reclamo es que mis zapatillas me igualan al resto... pero no. Yo sigo siendo igual de válido (o no) en unos zapatos de 200 euros que en unas converse de 60. Mis zapatillas no me igualan a la valía profesional de otros de mis compañeros o amigos. El poder de mis zapatillas está en devolverme mi espíritu. Sin caretas, sin pretensiones. Yo soy yo y mis zapatillas.

Dorothy necesitaba dar con sus tacones rojos para volver a Kansas, pues yo sólo necesito mis zapatillas para recordar las cosas importantes en mi vida, mi familia, mis amigos, un largo paseo por Madrid, tirarme en un cesped, escribir en mi blog...

Yo seguiré llevando mis zapatos junto con el traje y la corbata cuando de mis conferencias, esté en la presentación de uno de mis libros o de un curso de formación para los grandes clientes que ocupan mi agenda (grandes por decidir formarse en este tipo de liderazgo y no por sus valiosas cuentas bancarias) pero siempre en mi maleta dejaré un hueco para mis zapatillas.

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domingo, 4 de mayo de 2008

La perseverancia de Iñigo Montoya (R)


“Si te caes siete veces, levántate ocho”
Proverbio chino

La fortuna ajena no está bien vista. Quien está acostumbrado a trabajar durante años y nunca ser recompensado, suele criticar el trabajo de las personas que, en poco tiempo, comienzan a despuntar en su sector, además de pronosticarles una debacle segura y cercana. Cuando a un afortunado, como yo, alguien le pregunta con curiosidad cómo es posible conseguir tanto tan rápido, simplemente me viene una frase a la cabeza: «Me llamo Íñigo Montoya».

Aún recuerdo la primera vez que vi La princesa prometida. Una sorprendente historia de aventuras en la que un joven campesino lucha por conseguir el amor de la mujer de su vida: la asombrosa Buttercup. Para ello deberá contar con la inestimable colaboración de un grupo de personas que le ayudarán y acercarán a su objetivo. Una cinta que, sin duda, todo el mundo debería disfrutar al menos una vez en la vida.

Rememoro en mi cabeza las fantásticas luchas de espada, los estupendos acertijos o el gigante bonachón. Pero no hay duda de que existe un personaje que me marcó en la memoria una frase que ha sido una constante en mi vida, Íñigo Montoya. Desde el principio de la película empatizamos con él y queremos encontrar, descubrir y, por supuesto, poder ayudarle a cumplir su promesa. Encontrar al espadachín de seis dedos y decirle: «Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir».

Este personaje nos muestra una verdad universal. Hay que trabajar cada día para aproximarnos a nuestro objetivo. No sirve de nada creer en falsas confabulaciones o en complots astrales. Si realmente tenemos un objetivo y luchamos cada día para conseguirlo, nada ni nadie puede evitar que lo alcancemos.

El primer paso por tanto es saber cuál es nuestro objetivo. Nunca sabremos qué camino escoger si no sabemos hacia dónde vamos. Intentarlo es como enviar a Dorothy a darse un paseo por Oz sin saber que debe recorrer el camino de baldosas amarillas para llegar a la ciudad esmeralda. Este objetivo debe ser lo suficientemente claro como para poder resumirlo en una frase simple y comprensible. Debe ser algo alcanzable y tangible, ya que intentar conseguir algo inaccesible sólo conseguirá mermar nuestra confianza y que nos rindamos creyendo que no somos capaces de mejorar. Pero a la vez, nuestro nuevo objetivo debe suponer un reto para nosotros. Enfrentamos constantemente a nosotros y a nuestras situaciones es lo único que nos desarrolla y consigue sacarnos del estancamiento generalizado. Reta a tus habilidades y descubrirás realmente todo lo que guardas dentro.

Y es aquí, una vez comprendido nuestro objetivo y entendiendo el reto como elemento potenciador de nuestros actos, donde la perseverancia cobra sentido. Erin Brockovich luchaba por paliar una gran injusticia, Luck Skywalker por derrocar el Imperio y Billy Elliot por ser bailarín. Todos tienen un objetivo definido y luchaban cada día para alcanzarlo. Nadie nos acercará tanto a nuestro objetivo como nosotros mismos. Todo lo que hagas debe estar guiado por esa constancia y perseverancia. Toda acción debe estar enfocada a la consecución de ese objetivo. Siempre monitorizado bajo los valores más humanos y sociales, pero sin cejar en el empeño. Nuestro peor rival somos nosotros mismos, así que no te des esa satisfacción y esta vez no te excuses.

Al igual que a nuestro aventurero, a nosotros también nos saldrán obstáculos que tengamos que superar. Si todo fuese fácil de alcanzar, todo el mundo lo haría. Esa es la diferencia entre la gente común y las personas que consiguen sus metas. Los obstáculos sólo son nuevas oportunidades para demostrarnos lo que podemos conseguir. Escuchar mejor, estar más atentos, negociar más hábilmente o vigilar y bloquear reticencias a nuestras propuestas. Todas estas destrezas las desarrollamos cada vez que nos forzamos a usarlas. Así que cada obstáculo no sólo no nos impide alcanzar nuestro objetivo, si no que nos prepara más, potencia nuestras habilidades y en definitiva, nos hace mejores. Además, cada obstáculo superado se convierte en un pequeño éxito. Ese logro nos renueva las fuerzas y nos llena de confianza para volver de nuevo a nuestra carrera.

Ése es el secreto. Los afortunados alcanzamos nuestras metas porque, una vez bien definidas, trabajamos para conseguirlas. Un fuerte compromiso personal hace que nunca nos rindamos ni desistamos, pero todos podemos hacerlo. Todos llevamos dentro un Íñigo Montoya dispuesto a hacer lo necesario por conseguir su objetivo. Pule tu arma y practica su estoque porque pronto tú también encontrarás ese reto con seis dedos y tendrás que vencerlo. No hay duda de que podrás hacerlo, como yo, como Íñigo Montoya.

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sábado, 3 de mayo de 2008

Antes de mandarlo...piensa!!! (R)


Ayer un cliente me comentó un problema ocurrido cuando recibió por correo electrónico una respuesta bastante sorprendente de un compañero de trabajo, una contestación inesperada a un mail procesual anterior. El correo era técnicamente correcto, pero equivocado relacionalmente; una respuesta desproporcionada, casi infantil, al correo original.

Si alguna vez llega a sucederte algo similar comparto contigo los siguientes consejos:

1. Enfríate. Pon distancia entre el estímulo y la respuesta. Si dejas que pase el tiempo, podrás ubicar las cosas en su contexto y responder apropiadamente; tomar una decisión y no actuar por impulso.

2. Háblalo. Busca a alguien que te ayude a tomar perspectiva. Si no tienes a la mano a alguien de tu entera confianza, hazte la pregunta: ¿Qué resultado quiero obtener?

3. Escríbelo. Contesta enojado, molesto, pero en una hoja de papel. Conviértelo en un proyecto y archivalo en el folder de “Algún día/Tal vez”. Cuando haya pasado todo puedes desecharlo.

4. Revisa. ¿Qué hiciste para contribuir a este resultado? Posiblemente estés en lo correcto y el otro esté equivocado; pero, posiblemente sea a la inversa.

5. Busca una solución y logra un acuerdo.

Recuerda que los emails no tienen entonación así que su lectura condicionada puede provocar una gran crisis. El mail es una herramienta que debe ayudarnos a proceder de una manera más eficaz y optimizada, no un arma de ataque.

No pierdas la oportunidad de "entonarlo" con una simple llamada o con una visita personal y no desperdicies tu tiempo y tu talento en crear una respuesta hiriente. No merece la pena.

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viernes, 2 de mayo de 2008

La bola extra (R)


Ayer terminaba mi post con una frase que hacía referencia a una canción que nombra, de una manera afortunada, el ultimo disco de Los Ronaldos.

Aunque a la mayoría de gente joven el nombre de Ronaldo le suene a futbolista casi retirado, los que vivieron los ochenta o han tenido la oreja atenta a años pasados saben que el nombre ya era famoso hace cuatro lustros. En plural, eso sí. Los Ronaldos son una de esas bandas que marcaron el panorama musical español durante el final de la década de las hombreras y que nos abandonaron durante los noventa sin muchas explicaciones. Afortunadamente su adiós no ha sido perpetuo y ahora hemos tenido una ocasión para revivir los éxitos que tantas veces sonaron en una cinta de cassette.

Un año y medio de conciertos que ayer terminaba en Madrid, en un concierto genial que tuve el privilegio de asistir. "La bola extra".

Pero quedémonos con este concepto. En esta canción, el grupo madrileño dice: "Cuántas partidas y cuántas salen malas... Quizás la vida te de una bola extra, puede ser que al final no te vaya mal."

Haciendo referencia a la metáfora de las máquinas de pinball, la letra explica muy gráficamente cómo deberíamos aprovechar esas oportunidades que la vida nos va ofreciendo y que, en la mayoría de las ocasiones, desaprovechamos.

Haciendo uso de esa metáfora, me permito añadir un pequeño detalle. La bola extra nos la ganábamos. Tenías que alcanzar una puntuación concreta o derribar un numero de fichas. Eso provocaba que ganaras una bola extra que aumentaba las tres bolas iniciales.

En la vida, es exactamente igual. No podemos conformarnos con que los planetas se alineen y se den las circustancias concretas para que el escenario se repita. Debemos trabajar y provocar que ocurra.

No te lamentes de la "bola" perdida. Haz por ganar tu "bola extra".

Por cierto, el concierto fue genial. Mucha gente saltando y gritando al ritmo de canciones míticas como "Adios Papá", "Guardaló", "Sí, sí" o "Sabor salado". Me tuve que ir con dos lizipainas a la cama intentando que en las reuniones de hoy no se notase demasiado mi afonía.

¿Y la importancia de asistir a un acto como este? ¿Cómo nos ayuda descargar adrenalina un concierto? ¿Y lo sano que es gritar al coro de miles de personas? ¿Y la importancia de saciarte emocionalmente en un evento de estas características? ¿Y lo necesitados que estamos de vivir algo asi y lo beneficioso que es?

Todo esto lo contestaré proximamente cuando vaya al concierto de Jamiroquai y de Franz Ferdinand. Hasta entonces... ¡salid, disfrutad y pasad un buen fin de semana! :)

pd. Imagina grabando esta canción a Travis y sus amigos (de ahí las risas de fondo)

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jueves, 1 de mayo de 2008

La ingeniería del coaching (R)

Volviendo a casa repasaba mentalmente la velada. La ceremonia de entrega del premio había sido muy agradable y la conversación con el ingeniero responsable del proyecto premiado, muy enriquecedora. Nunca me había fijado en las similitudes que existían entre nuestros mundos profesionales. La ingeniería y el coaching.

¿Cuántas veces intentamos explicar qué es el coaching? E incluso, ¿Cuántas veces intentamos resolver la eterna pregunta sobre cómo es un proceso de coaching de una manera simple y eficaz? Pues bien, yo gracias a la gala de hoy he descubierto que existe una forma sencilla y muy visual que utilizaré a partir de ahora y quiero compartir con todos.

Un proceso de coaching es como la construcción de un puente.

Maravillado por la imagen de ese gran puente y con mi curiosidad habitual, pregunté a mi interlocutor por los pasos que se siguen siempre en ese tipo de ingeniería civil. Su primera respuesta me enganchó pues tracé claramente el paralelismo.


“Lo primero, es conocer y analizar las necesidades y el objetivo”

A la hora de construir un puente lo primero que necesitamos es saber realmente las carencias de la zona para trazar el objetivo eficazmente. En general se hacen estudios de tráfico, se analizan las necesidades de los usuarios futuros y se determina la nueva vía a diseñar. En los casos en los que la vía tenga que atravesar relieves abruptos u orografía complicada, se plantea la posibilidad de flanquear estos “obstáculos” por medio de un puente, y así se determina la ubicación del mismo.

Cuántos procesos de coaching no habrán conseguido desarrollarse por no tener en cuenta esto mismo, pensé. En el arte del coaching es imprescindible el ojo clínico del buen profesional para separar realmente las creencias del cliente y conseguir dibujar un mapa mental de la situación aséptico. Debemos darnos cuenta de cuál es la necesidad de la empresa y de la persona, para fundamentalmente visualizar junto con nuestro coachee un objetivo específico, medible, concertado, realista y planeado por etapas. No debemos tener prisa en plantear o descubrir un objetivo. No nos sirve cualquier meta, el tiempo de nuestros clientes es muy valioso, pero más lo es el conseguir un desarrollo y unos resultados perdurables en el tiempo para él. Esto sólo lo conseguiremos cuando encontremos el verdadero objetivo.

“El estudio de la situación es el siguiente paso”

Puedes diseñar el puente más bonito del mundo, pero si no se tiene en cuenta la situación en la que irá comprendido seguramente no cumpliría con la mayor eficacia algunas de las funciones de su concepción. Pero no sólo en lo que al terreno se refiere. El estudio del terreno determina, fundamentalmente, la tipología de la cimentación a adoptar, pero no tanto la estructura en sí. Para determinar la tipología de puente que resulta idónea en el entorno, también influye la ubicación del mismo, si es metropolitano o no, y la longitud del vano a salvar, si es muy grande se recurre a puentes atirantados, colgados o puentes-arco como el premiado de esta noche, que son los denominados puentes de grandes luces.
También tienes que decidir en cuántos tramos divides la longitud total: a mayor número de tramos el cálculo del puente es más sencillo y la estructura del tablero, por donde pasan los coches, más barata, pero interfieres más en el entorno y puede resultar reñido con el fondo estético…

Realmente aquí es donde las similitudes entre el proceso de coaching y la construcción del puente son más evidentes. Una vez visualizado el objetivo debemos conocer qué y lógicamente quién va a sustentar nuestro proceso. Qué habilidades tiene, cuáles son sus puntos fuertes en los que nos apoyaremos. Y si, como en el terreno para nuestro puente, localizamos movimientos de tierras o estratos geológicos de reducida capacidad portante, tendremos que diseñar una buena cimentación profunda que alcance un estrato de mayor competencia.

Es básico que el proceso sea consistente y que sus cimientos sean sólidos y perpetuos.

En cuanto a la distancia de vano a salvar, debemos ser realistas. Nuestro cliente necesitará un proceso personalizado, pues no todo el mundo está preparado para conseguir un mismo objetivo en el mismo tiempo. A unas personas les parecerá un gran abismo la distancia que les separa de su objetivo y otras sin embargo creerán que lo tienen al alcance de sus manos. Nuestra contribución como observadores basa su excelencia en conseguir que tomen conciencia de la distancia real y motivarles para que entiendan que no hay ninguna distancia insalvable. Todo depende del puente que consigamos construir.

Por último, los tramos. Evidentemente, el objetivo final es nuestra meta a alcanzar, pero nos será imposible alcanzarlo de una vez. Deberemos diseñar las que serán nuestras metas de desempeño, es decir, las pequeñas metas que nos harán conquistar nuestra meta final u objetivo.

“Tras la recopilación de información es hora de pasar a la acción”

En cuanto a los pasos a seguir en la construcción propiamente dicha, una vez confeccionado el proyecto, con sus planos y sus cálculos correspondientes, se podrían resumir en dos grandes apartados, la subestructura y la superestructura.

La subestructura está compuesta por la cimentación y las pilas. Las pilas son las columnas que sustentan el tablero. Transmiten las cargas al terreno por medio de la cimentación. Se trata de elementos que siempre quedan por debajo del tablero, pero son fundamentales porque resultan la interfase entre la naturaleza y la mano del hombre.

La superestructura se compone del tablero y del resto de elementos estructurales situados por encima de la cota de rasante, como los arcos, los tirantes o las péndolas.

La subestructura del coaching sería nuestro plan de acción y las pilas, nuestras metas de desempeño. Éstas deben ser diseñadas por el cliente y cimentadas por el coach. Deben ser respetuosas con el medio ambiente, pero sobre todo, deben ser eficaces y desempeñadas en su totalidad. ¿Imaginas que pasaría si una pila se construyese a medias? ¿Y si la cimentación de un puente no se realizara en condiciones por falta de tiempo o de compromiso por ambas partes?. Nunca hay que subestimar la importancia de lo que no se ve.

Nuestra superestructura se basa en el apoyo, y la motivación. Seremos el catalizador que haga avanzar el estado de las obras, de tal forma que el horizonte se vea modificado por la creación de la nueva infraestructura. Y la labor del ingeniero no termina el día de la inauguración de la obra.

Las labores de mantenimiento también resultan cruciales para hacer perdurar la vida útil del puente. Debemos observar cualquier posible patología, estructural o funcional, y subsanarla a tiempo. La figura del coach, del mismo modo, se compromete a ilusionar al cliente y llenarle de confianza para que su camino esté bien iluminado y no dude en llegar al otro lado.

Si somos capaces de crear unas buenas y sólidas pilas o metas de desempeño, estas soportarán el peso de nuestro proceso y nuestro cliente podrá avanzar sin problemas hasta llegar a su objetivo.

Nunca lo olvides, él es el que construye su puente. Él es quien consigue los resultados. Nosotros sólo somos facilitadores. No intentes ser un coach-estrella. Por muchas canas que peines o por muchos clientes que hayan pasado por tus manos. La única estrella del proceso es tu cliente y se merece que tengamos a su servicio todo nuestro potencial y habilidades.

La importancia de elegir a un coach apropiado es como la de seleccionar al ingeniero idóneo. ¿De que sirve contratar a alguien sólo por el nombre de su firma? Lo importante realmente es la obra final, como en el caso de los puentes.

El resultado. Muchos clientes preferirán elegir un nombre y quizá les funcione. Otros preferirán buscar cuál es el ingeniero más adecuado para ayudarles a construir su puente. Estos seguro que conseguirán su meta.

Ayuden a construir muchos puentes, suerte y gracias.


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